Educación Para jóvenes y padres Mayo 2026 · 8 min de lectura

Un número no es
una vocación.

La selectividad mide cuánto has aguantado. No quién eres, qué te apasiona ni para qué sirves. Y sobre eso nadie habla en junio.

Infografía sobre selectividad y acceso a la universidad en España Dos datos clave: el 40% de los estudiantes abandona la carrera antes de terminarla, y 1 de cada 3 eligió sin información suficiente. 40% de los estudiantes abandona la carrera antes de terminarla Ministerio de Universidades, 2023 1 de 3 jóvenes eligió carrera sin tener información suficiente sobre ella CIS, Estudio sobre jóvenes españoles, 2022 ABANDONO UNIVERSITARIO ELECCIÓN SIN INFORMACIÓN j.muíños+ · Un número no es una vocación

El gran malentendido de junio

Cada año, en junio, miles de jóvenes de diecisiete y dieciocho años se sientan ante un examen que, según el relato oficial, determina su futuro. La presión es real. Las familias llevan meses en tensión. Los institutos organizan simulacros. Las academias hacen su agosto en primavera. Y al final, cuando sale la nota, todo el mundo respira o llora según el número que aparece en pantalla.

Nadie pregunta si ese joven sabe por qué quiere estudiar lo que ha elegido. Nadie pregunta si lo ha elegido él. Nadie pregunta si está preparado para lo que viene después — no académicamente, sino humanamente. La única pregunta que importa es: ¿has sacado suficiente nota?

«La selectividad no mide tu inteligencia. Mide tu capacidad de aguantar un sistema que no fue diseñado para ti.»

Esto no es un ataque al esfuerzo. El esfuerzo importa, y mucho. Es un cuestionamiento de qué estamos midiendo y para qué. Porque un sistema de acceso a la universidad que reduce a una persona a una cifra con dos decimales no está seleccionando a los más capaces. Está seleccionando a los que mejor se adaptan a un formato concreto de evaluación. Y eso no es lo mismo.

¿Para qué sirve realmente la selectividad?

Desde el punto de vista pedagógico, la Prueba de Acceso a la Universidad — EBAU, EVAU, o como se llame en cada comunidad — tiene un propósito legítimo y acotado: establecer un criterio común de acceso cuando hay más demanda que plazas. Es un instrumento de distribución, no de valoración integral del alumno.

El problema no es la prueba en sí. El problema es el peso simbólico desproporcionado que le hemos dado. Hemos convertido un filtro administrativo en un veredicto sobre el valor de una persona. Y los jóvenes lo sienten así. Bloom, en su teoría de la taxonomía del aprendizaje Bloom, 1956, ya advertía que los sistemas educativos que solo evalúan la memorización y la comprensión básica están midiendo el nivel más bajo de la cadena cognitiva. Crear, evaluar, analizar con criterio propio — eso no entra en el examen.

40%
de los estudiantes universitarios en España abandona la carrera antes de terminarla. La mayoría no por falta de capacidad, sino por haber elegido sin vocación, sin información real o bajo presión externa. MU, 2023
1 de 3
jóvenes universitarios reconoce que eligió su carrera sin tener información suficiente sobre en qué consistía realmente. Eligieron el nombre. No el contenido. CIS, 2022

La presión de los padres: amor con consecuencias no deseadas

Hay algo que los padres necesitan escuchar aunque duela: la mayor parte de la presión que sufren los jóvenes en selectividad no viene del sistema. Viene de casa. Y no porque los padres sean malos padres. Viene precisamente porque los quieren — y porque tienen miedo. Miedo a que su hijo no llegue, no tenga, no sea. Un miedo legítimo que, cuando no se gestiona, se convierte en presión que aplasta.

La psicología del desarrollo lo tiene claro. Erikson Erikson, 1968 identificó la adolescencia tardía como el período crítico para la construcción de la identidad. Es el momento en que el joven necesita explorar, equivocarse, preguntarse quién es. Cuando ese proceso se interrumpe por la urgencia de tomar una decisión académica definitiva bajo presión, el resultado no es un joven orientado. Es un joven que ha aparcado su identidad para cumplir una expectativa ajena.

📌 Para padres

Pregúntate honestamente: ¿la carrera que quieres que estudie tu hijo es la que él necesita, o es la que tú hubieras querido estudiar? ¿O la que te parece más segura económicamente? ¿O la que más impresiona cuando la cuentas en una cena?

Ninguna de esas razones es mala en sí misma. Pero ninguna de ellas es suficiente para tomar una decisión que afecta a los próximos cuarenta años de la vida de otra persona. Y esa persona no eres tú.

El mejor regalo que puedes hacer a tu hijo antes de selectividad no es pagarle una academia. Es sentarte con él a preguntarle qué le importa, qué le cuesta, qué le enciende. Sin juzgar la respuesta.

¿Están preparados los jóvenes para la universidad?

La pregunta tiene trampa. Preparados académicamente, en muchos casos sí — saben los contenidos mínimos que exige el acceso. Preparados para lo que la universidad exige realmente, en la mayoría de los casos, no.

La universidad exige autonomía: nadie te persigue para que estudies. Exige gestión del tiempo: tienes que organizarte sin que nadie lo haga por ti. Exige tolerancia a la frustración: habrá asignaturas que no entenderás a la primera, profesores que no te gustarán, épocas en las que todo parece difícil. Exige, sobre todo, saber por qué estás ahí. Porque cuando no lo sabes, el primer obstáculo serio te tumba.

El problema no es que los jóvenes sean menos capaces que generaciones anteriores. El problema es que el bachillerato actual, diseñado casi exclusivamente para superar la EBAU, no entrena ninguna de esas competencias. Entrena la memoria, la gestión del estrés a corto plazo y la capacidad de reproducir contenidos en condiciones de presión. Todo eso es útil — pero no es suficiente.

Entrar en la universidad con un 9,8 y salir en segundo curso porque nadie te explicó para qué ibas no es un fracaso del alumno. Es un fracaso del sistema.

📌 Para jóvenes

Si estás leyendo esto antes de selectividad o justo después: la nota no te define. Ni un 5 ni un 13,9. Lo que te define es lo que haces con lo que tienes.

Pero hay algo más importante que te pido que te preguntes: ¿sabes por qué quieres estudiar lo que vas a estudiar? No el nombre de la carrera — eso es fácil. ¿Sabes qué hace un día normal un profesional de esa área? ¿Has hablado con alguien que trabaje en ello? ¿Lo has buscado, o simplemente te sonaba bien?

Si no tienes respuesta, no es tarde. Es el momento exacto de buscarlo. Una decisión tomada con información vale por diez tomadas con prisa.

Lo que nadie enseña: el paso real a la universidad

Hay una transición que el sistema ignora completamente: el paso de ser alumno dirigido a ser estudiante autónomo. En bachillerato, el sistema te lleva de la mano — horarios fijos, profesores que te conocen, familias que supervisan. En la universidad, esa mano desaparece de golpe.

Rutter y sus estudios sobre resiliencia académica Rutter, 1985 mostraron que los jóvenes que mejor sobreviven a esa transición no son los que tienen mejores notas. Son los que tienen mayor claridad sobre sus propios valores, mayor capacidad para pedir ayuda y una red de relaciones que los sostiene. Nada de eso se evalúa en la EBAU.

¿Qué pasaría si antes de elegir carrera los jóvenes tuvieran que pasar seis meses descubriéndose a sí mismos?

Algunos países nórdicos tienen algo parecido — años sabáticos estructurados, programas de orientación vocacional real, espacios para explorar antes de comprometerse. No es utopía. Es pedagogía aplicada con seriedad.

En España seguimos creyendo que la mejor preparación para la vida adulta es sobrevivir a junio. Y luego nos sorprendemos de que tantos jóvenes lleguen a los veintitantos sin saber quiénes son ni qué quieren.

Lo que sí podemos hacer ahora

No voy a terminar este artículo con una queja sin propuesta. Hay cosas concretas que padres, jóvenes y educadores pueden hacer aunque el sistema no cambie mañana:

Antes de elegir carrera: habla con personas que trabajen en ese campo, no con personas que estudiaron esa carrera hace veinte años. El mercado ha cambiado. Las profesiones han cambiado. La experiencia de primera mano vale más que cualquier ranking universitario.

Antes de la EBAU: separa la preparación del examen de la decisión vocacional. Son dos procesos distintos. Uno es logístico; el otro es existencial. No los mezcles.

Si la nota no da para lo que querías: recuerda que hay más de un camino para llegar al mismo sitio. Y que el camino más largo a veces enseña lo que el directo no puede. El fracaso en un proceso de selección no es el fin de nada. Es información.

Si ya estás en la universidad y estás perdido: no es tarde para parar y replantear. Cambiar de carrera, tomarte un año, buscar orientación — ninguna de esas opciones es rendirse. Rendirse es seguir haciendo algo que no te lleva a ningún sitio porque tienes miedo de lo que dirán.

«El mejor momento para tomar una buena decisión era antes. El segundo mejor momento es ahora.»

Referencias bibliográficas

  • Bloom, Benjamin S. Taxonomy of Educational Objectives David McKay Company, 1956. Clasificación de los objetivos del aprendizaje en seis niveles cognitivos: recordar, comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear.
  • Erikson, Erik H. Identity: Youth and Crisis W. W. Norton & Company, 1968. Las ocho etapas del desarrollo psicosocial. La crisis identidad vs. confusión de rol en la adolescencia tardía.
  • Rutter, Michael Resilience in the Face of Adversity British Journal of Psychiatry, 1985. Factores protectores en el desarrollo adolescente ante situaciones de adversidad académica y social.
  • Robinson, Ken El elemento Grijalbo, 2009. Por qué encontrar tu pasión lo cambia todo. Crítica al sistema educativo estandarizado y defensa de la vocación como eje del aprendizaje.
  • Ministerio de Universidades Datos y cifras del sistema universitario español Curso 2022-2023. Informe anual sobre tasas de abandono, rendimiento académico y acceso al sistema universitario español. Ver informe →
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