El barrio
Todo empezó en lo cercano.
La Asociación de Vecinos San Antonio de la Cabana, en Coveira, fue el primer lugar donde entendí que el compromiso tiene dirección concreta. Personas. Problemas. Nombres.
Durante casi tres años trabajamos. Y cuando digo trabajamos, lo digo en serio. Era lo que había que hacer. Sin teoría. Sin distancia.
Aprendí a escuchar. A mover cosas sin hacer ruido. A buscar soluciones donde otros solo veían bloqueo.
«Para cambiar algo, primero tienes que pisarlo.»
El sindicato
Llegó después. Casi sin buscarlo. A través de gente cercana apareció otro mundo: la USO. Otra forma de ver lo mismo. Más directa. Más estructurada. Fue una etapa breve. Pero dejó algo dentro.
La política
Y al mismo tiempo, la política. Reuniones. Debates. Conversaciones largas en los Cantones. No como fin. Como herramienta. Intentar hacer posible, a otra escala, lo que en el barrio se tocaba todos los días.
El giro
Todo convivió. Durante un tiempo. Hasta que dejó de encajar. No porque cambiara lo importante, sino porque pedía otra forma.
Con los años entendí algo. No estaba buscando solo cambiar cosas. Estaba buscando cómo hacerlo.